sábado, 17 de noviembre de 2012

La Casa De Las Bellas Durmientes


"No debía hacer nada de mal gusto, advirtió al anciano Eguchi la mujer de la posada. No debía poner el dedo en la boca de la muchacha dormida ni intentar nada parecido".

 

 

Me dejo guiar por la aguda descripción que me convida kawabata, desde el primer momento que Eguchi ingresa a este espacio tan simple, a esta posada que quizas no sugiera peligro alguno, pero que de cierta manera me provoca algo de suspicacia. Saboreo el té, que resulta  "asombrosamente" bueno, y me deleito con la obra de Kawai Gyokudo que, estratégicamente, decora uno de los muros de la alcoba, y de forma sublime me transporta al paisaje que muy probablemente engalana los alrededores del lugar. Incluso, a lo  lejos alcanzo a percibir el sonido de las olas rompiendo contra los acantilados, un fuerte oleaje que en ocasiones acompaña la marcha del personaje.  Intento comprender la intensión de este hombre, procuro inscribirme en sus pensamientos, en cada uno de sus movimientos. Me esfuerzo por ser parte de su acontecer, y de esta manera darle un sentido a todo lo que está por ocurrir.

Ese color carmesí de las cortinas de terciopelo, es sutilmente insinuante, un tanto provocativo, la obra en si, es provocativa, introduce al lector en un mundo singularmente erótico, excitante, quimérico. ¡Que delicadeza la de Kawabata! agregar cada detalle para describir el encuentro de este hombre entrado en años con sus hermosas doncellas durmientes.

Su primera aproximación no es más que el efecto de la curiosidad, aunque cada mujer logra provocar en él un recuerdo profundo, generar en él todo tipo de dudas, despertar temores pasados, angustias ocultas. ¿Qué ocurre al interior de Eguchi, para que comience a frecuentar asiduamente este lugar? ¿Que extrañas sensaciones despierta en él la compañia de estas mujeres narcotizadas?¿Una fantasia sensual propia de los hombres adultos, quizás?, ¿un acto de inseguridad consecuencia de sus noches ingratas dificiles de olvidar?

En fin, este hombre de sesenta y siete años, comienza a experimentar a través de sus sentidos, disfruta acariciar y olfatear a estas "muñecas" sumergidas en sueños impenetrables, cada vez se siente más cómodo, más habituado con ellas.

Sin embargo, en su mente siempre está presente la idea de violentar el sueño de las muchachas y transgredir las normas de la casa, y pese a que nunca lleva a cabo sus intensiones, allí yacen, como parte de una perturbación, de un malestar, de un sufrimiento que al parecer inunda el corazón de Eguchi.

Y allí me veo yo involucrada en sus sueños, en esta pesadilla del brazo. Sin comprenderlo con claridad, Kawabata me abre la puerta del delirio, y ahí estoy escuchando hablar a un brazo, un brazo carnoso y redondo, un brazo femenino que sonrie dulcemente, un brazo derecho que finalmente sustituye, por unos instantes, el de su portador. ¿Qué significado tiene el brazo hablador de esta bella dama? ¿Por qué entrega especificamente esta parte de su cuerpo a este hombre, en medio de un ritual tan emotivo?

Esta última historia, que enternece, que sorprende, que nos habla sobre pájaros y animales, si, sobre, herrerillos, abadejos, mirlos verdes, reyezuelos de corona dorada, petirojos, lechuzas y perros, ah! y sobre, esta mujer, Chicako. Esta vez, yo acompaño al personaje en su rutina, y comparto ese amor por los animales, más no su desamor. En su soledad, en su fastidio por el ser humano este hombre se interna en su propio mundo y cuida de sus criaturas, más sin embargo, le son indiferentes cuando se encuentran moribundos, pues considera sólo relevante la sobrevivencia del fuerte.

 

 Sobre el autor: 


 

Sobre la obra: 



La casa de las bellas durmiente (Nemureru bijo) fue escrita por el escritor japonés Yasunari Kawabata en 1961. Esta obra contiene tres historias breves: la primera de las cuales da título al libro, la segunda tiene por nombre Un Brazo, y la tercera, Sobre pájaros y animales. Estas historias constituyen un delicado ejercicio estético sobre el erotismo y la soledad. En este análisis nos centraremos en la primera de las narraciones de esta joya de la literatura japonesa. Este espléndido relato aborda temas como la muerte, la vejez, la belleza, el sexo, la nostalgia de la juventud perdida y el paso del tiempo.
 

Sobre el lugar: 





TOKIO 

Tokio es, sin duda, la ciudad más apasionante de Asia. Aquí la tradición de siglos pasados coexiste con los elementos siempre cambiantes de la cultura urbana más reciente, y cada uno irradia una atmósfera y una energía muy especial.

Fuji Hakone / El Monte Fuji y la Región de los Cinco Lagos / Kamakura / Narita / Nikko / Saitama / Monte Takao / Yokohama / Yokohama: Chinatown / Yokohama: Motomachi y Yamate / Yokohama: Sakuragicho y Minato Mirai / Yokohama: Yamashita y Kannai / Yokohama: fuera del centro de la ciudad.

Sobre las costumbres:

 
El kimono (着物) es el vestido tradicional japonés, que fue la prenda de uso común hasta los primeros años de la posguerra. El término japonés mono significa ‘cosa’ y ki proviene de kiru, ‘llevar’.Los kimonos tienen forma de letra "T" y llegan hasta los tobillos, con cuellos escote en "V" y amplias mangas. Hay varios tipos de kimonos usados por hombres, mujeres y niños. El corte, el color, la tela y las decoraciones varían de acuerdo al sexo, la edad, el estado marital, la época del año y la ocasión. El kimono se viste cubriendo el cuerpo en forma envolvente y sujetado con una faja ancha llamada obi.

Antiguamente, el kimono se confeccionaba con un material rústico pero cuando Japón se fue influenciando por la cultura china y coreana, se introdujo la seda, haciendo que el kimono fuera un traje suntuoso.

Actualmente, la mayoría de los japoneses utiliza ropa occidental pero acostumbran a vestirse con kimonos en ocasiones especiales como bodas, ceremonias o festivales tradicionales.

Los accesorios para acompañar al kimono son los geta (chinelas de madera) o los zori (sandalias bajas hechas de algodón y cuero) y los tabi son calcetines tradicionales que separan el dedo pulgar del resto de los dedos para calzar la sandalia.
 
 
El té es milenario y tiene su propia historia especialmente en Japón, un país cuya cultura se ha desarrollado alrededor del té. Para ellos, la ceremonia del té es muy importante, tiene su historia propia, que debe ser respetada y transmitida de generación en generación.

Sobre el arte:

 
Kawai Gyocudo